Hace unos años, White & Case, el bufet de abogados internacional, estaba renovando su oficina de Washington DC cuando algunos de sus asociados más jóvenes pidieron que se agregara un atributo adicional a la “habitación del bienestar”: cápsulas de sueños.

“Otra de las características deseadas de nuestra nueva oficina fue un mejor café, así que eso probablemente abarca todo el espectro”, dice Francisco Vásquez, socio del bufet en la oficina de Washington, la cual adquirió dos cápsulas el año pasado.

Dice que han sido bien recibidas por los 300 empleados, y se usan de 5 a 8 veces al día. “Desde nuestro punto de vista, se trata de darle a la gente lo que quiere. Y los empleados contentos son mejores empleados, así que estamos felices de hacerlos felices”.

Las cápsulas de sueño, que cuestan alrededor de u$s 13.000 cada una, han venido apareciendo en Silicon Valley durante casi una década. MetroNaps, la compañía con sede en Nueva York que fabrica las cápsulas, cuenta entre sus otros clientes con la NASA, la agencia espacial estadounidense; Uber, la compañía de transporte privado; Samsung, el grupo de tecnología; la aerolínea JetBlue y Zappos, la tienda minorista de ropa en línea.

“Tenemos varias compañías de tecnología e informática, como Google y Cisco. Se trata de compañías que están interesadas en atraer y retener a empleados bien calificados”, dice Christopher Lindholst, jefe ejecutivo de MetroNaps. “También tenemos compañías más tradicionales, incluyendo a las consultorías PwC y KPMG, White & Case; cualquiera que desee competir por el talento”.

La inversión del bufet de abogados en las cápsulas refleja una tendencia creciente en los negocios, conforme sectores más allá de la tecnología, la aviación y la medicina los cuales durante mucho tiempo han tenido normas e iniciativas relacionadas con el descanso se enfocan en el sueño como parte de sus programas de bienestar y sus esfuerzos para mejorar la productividad. Éstos van desde llamativos dispositivos hasta los más mundanos exámenes de trastornos del sueño.

“Hasta hace relativamente poco tiempo, la calidad del sueño faltaba en la mayoría de los programas de bienestar. Solían centrarse en la dieta, el peso, el ejercicio y el abandono del hábito de fumar. Eso ha sido lamentable de cierta manera debido a la importante contribución del sueño a la salud y el bienestar”, dice Lawrence Epstein, director del programa de becas de medicina del sueño del Brigham & Women’s Hospital en Boston e instructor de la Escuela de Medicina de Harvard.

“Cada vez más, estamos viendo cómo los trastornos del sueño afectan la productividad laboral, los costos de salud y los accidentes laborales”, agrega Epstein, ex presidente de la Academia Americana de Medicina del Sueño. “El costo del insomnio en EE.UU. se estima en más de u$s 100.000 millones al agregar la disminución de la productividad, el ausentismo y el presentismo (cuando los empleados son improductivos en el trabajo)”.

Se ha demostrado que los programas que detectan los trastornos del sueño pueden reducir los costos de la atención de salud y los accidentes laborales, y aumentar la productividad, dice Epstein. Cita un estudio de 2012 del Sistema de Salud de los Empleados de la Union Pacific Railroad, una compañía administradora de fondos de pensiones y de salud, que reveló que ese programa le ahorraría a la organización casi u$s 5 millones en dos años. La Union Pacific dice que está “en el proceso de desarrollo de directrices de aptitud laboral relacionadas con los trastornos del sueño”.

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