La laboral que reduce de manera gradual la jornada máxima semanal de 48 a 40 horas ya forma parte de la conversación en las oficinas de todo el país. De acuerdo con el calendario escalonado, la reducción comienza el próximo año y concluye en 2030.
Más allá de las cifras, este cambio abre una pregunta interesante para cualquier godín: ¿cómo podemos trabajar mejor? Porque el valor del trabajo no se mide solo en horas frente a la computadora, sino en la calidad, el compromiso y los resultados que entregamos.
Más tiempo para vivir, mismo compromiso con el trabajo
Contar con más tiempo libre significa más horas para la familia, el descanso, el deporte, el estudio o los proyectos personales. Ese equilibrio no le resta valor al trabajo; al contrario, permite llegar a la oficina con más energía y creatividad.
El reto está en mantener el compromiso y la responsabilidad. Una jornada más corta exige organización, enfoque y disposición para colaborar con el equipo.
Adiós a las juntas eternas
Uno de los primeros pasos para aprovechar mejor el tiempo es revisar cómo nos reunimos. Las juntas con objetivo claro, duración definida y acuerdos por escrito ahorran horas a la semana.
Antes de convocar, vale la pena preguntarse si el tema puede resolverse con un mensaje o un documento compartido. Proteger el tiempo propio y el de los demás también es una forma de respeto.
Prioridades claras, resultados visibles
Organizar el día a partir de lo importante y no solo de lo urgente ayuda a avanzar en los objetivos. Planear la semana, agrupar tareas similares y reservar bloques de concentración sin interrupciones mejora la productividad.
Medir el trabajo por resultados, y no por la cantidad de horas en el escritorio, permite reconocer mejor el esfuerzo de cada persona y distribuir las cargas con mayor equidad.
Una transición que se construye en equipo
Adaptarse a una nueva jornada requiere diálogo entre colaboradores y empleadores. Compartir ideas para simplificar procesos, eliminar tareas duplicadas o aprovechar mejor las herramientas digitales puede facilitar el cambio.
Cada área puede aportar propuestas desde su experiencia. Cuando todos participan en la transición, el resultado es más justo y sostenible.
El trabajo que queremos para México
La reducción de la jornada es una oportunidad para construir una cultura laboral que valore tanto el esfuerzo como el bienestar. Trabajar con responsabilidad y disfrutar de una vida personal plena no son metas opuestas.
Prepararse desde ahora, con organización y compromiso, es una forma de demostrar que el trabajo bien hecho se mide por su calidad y por su aporte al desarrollo de las personas y del país.








