Este 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que invita a hablar de un tema que durante años se quedó fuera de las conversaciones de oficina. Hoy sabemos que el estrés constante, las cargas excesivas y los malos tratos no solo afectan la productividad: también impactan la salud de las personas.
Un lugar de trabajo justo no se limita al pago puntual o al cumplimiento de horarios. También cuida que cada colaborador pueda desempeñarse en un ambiente sano, respetuoso y libre de violencia.
Lo que dice la norma
En México existe la NOM-035-STPS-2018, que establece que los centros de trabajo deben identificar y prevenir los factores de riesgo psicosocial y promover un entorno organizacional favorable. Entre esos factores se encuentran las jornadas excesivas, la falta de control sobre las tareas y las relaciones laborales negativas.
Conocer esta norma ayuda a entender que la salud mental en el trabajo no es un tema opcional ni un favor de la empresa, sino una responsabilidad compartida que busca proteger a las personas.
Señales de que algo no va bien
El cansancio que no se quita con el descanso, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse o la sensación de no poder desconectarse del trabajo pueden ser señales de alerta. Reconocerlas a tiempo permite buscar apoyo antes de que el problema crezca.
Hablar con el jefe directo, con el área de recursos humanos o con un profesional de la salud es un paso importante. Pedir ayuda no es una muestra de debilidad, sino de responsabilidad con uno mismo.
El trato justo como factor de protección
Un ambiente laboral justo reduce de manera importante el estrés. Cuando las tareas se reparten con equidad, las decisiones se explican y el esfuerzo se reconoce, las personas trabajan con mayor tranquilidad.
En cambio, los gritos, las burlas, la exclusión o las amenazas generan un desgaste que afecta a todo el equipo. Erradicar estas conductas es una cuestión de justicia y de respeto a la dignidad de cada colaborador.
Pequeñas acciones que hacen la diferencia
Respetar los horarios de comida y de salida, evitar los mensajes de trabajo en días de descanso, celebrar los logros del equipo y preguntar con sinceridad “¿cómo estás?” son prácticas sencillas que construyen un entorno más sano.
Los líderes tienen un papel clave: su ejemplo marca la pauta. Un jefe que descansa, que escucha y que pone límites saludables da permiso a su equipo de hacer lo mismo.
Bienestar que se construye en equipo
Cuidar la salud mental en el trabajo beneficia a todas las personas: mejora el ambiente, reduce las ausencias y fortalece la colaboración. Es una inversión en el bienestar presente y futuro de cada colaborador.
Promover entornos laborales justos, donde las emociones también importan, es avanzar hacia un México en el que trabajar con dignidad incluya sentirse bien con lo que hacemos y con las personas con quienes lo hacemos.








