Tras la reciente noticia en el que se dio a conocer que Apple reduce el desempeño de sus gadgets, en particular de las baterías, muchos podrán pensar que estamos ante una trampa que nos obliga a comprar seguido, nuevos aparatos, y nuestro dinero se gasta sin remedio.

Dicha idea no es del todo una mentira, algo llamado “obsolescencia programada”, nos habla de cómo algunos aparatos “convenientemente” se descomponen después de un tiempo.

Sin duda, también debemos analizar que los aparatos tienen un tiempo de vida debido al desgaste natural de los componentes electrónicos, eso podemos decir que es normal.

Todos los aparatos y los materiales que utilizan, incluso a nivel circuitos, están pensados para “morir” en algún momento. En el caso de las pantallas de igual forma tienen un tiempo de vida determinado. Pasando su tiempo uso útil, dejarán de funcionar y simplemente no encenderán más.

Software

Además, están las actualizaciones de software, que habilitan nuevas funciones que -por ejemplo-  requieren ciertas apps, o páginas web para funcionar, y que requieren cada vez mayor capacidad para ser utilizadas de forma pertinente.

Los chips y procesadores antiguos, cada vez serán menos eficientes para tareas más demandantes. Con ello se viene el fin de los teléfonos viejos, para correr Facebook que en la actualidad utiliza mucho el formato video, y por lo tanto, requiere de más velocidad de procesamiento.

Es una cuestión de demanda y oferta: Los desarrolladores buscan captar la atención del público usuario utilizando mejoras que les dan ventaja sobre otros, y nosotros mismos, lo consumimos, por eso los nuevos aparatos están preparados para lo que se viene -y ya existe- y con el tiempo, lo antiguo queda obsoleto.

Por lo tanto, el hecho de que tu aparato tenga un tiempo de vida, no solo va de la mano con una trampa comercial, es un conjunto de circunstancias que se suman: Necesidades cada vez mayores de procesamiento, mayor memoria y/o velocidad, nuevas utilidades, y el desgaste natural de sus componentes.

Es un hecho que estamos condenados a gastar en aparatos, si queremos seguir utilizar las tecnologías.

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