Aunque tengamos rasgos de nuestra personalidad que destacan en cualquier ámbito de la vida, lo más común y por salud de todos es mejor  mantener un perfil en el trabajo y dejar pláticas o costumbres fuera del cubículo.

¿Qué pasa cuando algunos de estos malos hábitos se cuelan de manera inconsciente y causan una impresión negativa sobre nuestro trabajo? Si has tenido la sensación de que nadie reconoce tu esfuerzo, continúa leyendo y piensa si te identificas con alguno de estas situaciones.

Si tus seres queridos te conocen y saben que está bien iniciar los planes sin ti porque nunca “puedes” llegar a tiempo, eres afortunada. Las citas laborales son punto y aparte.

Aceptar cualquier reunión implica cumplir con la fecha y hora programadas. Piensa que cada persona involucrada deja otras responsabilidades o ha destinado este tiempo para ello y, el hecho de que no lo tomes con la debida importancia, puede tomarse como una falta de respeto.

  • No mirar a la persona que te habla

Mirar hacia otro lado mientras tienes una conversación, puede interpretarse como desinterés al tema o hacia la misma persona.

Si se te dificulta el contacto visual, esfuérzate por mantenerlo el mayor tiempo posible, mientras el otro hable, y muéstrate dinámico durante la plática, por ejemplo, respondiendo con agilidad a los argumentos planteados.

  • Actuar de forma inquieta

Tocarte el cabello de manera constante, mecer los pies, rebotar la pluma sobre el escritorio… Hablamos de todos los guiños que reflejan un nerviosismo mal orientado.

Experimentar ansiedad ante algún proyecto o evento importante es natural, pero para muchos jefes es mal visto que alguien se muestre incapaz de dominarla. Si es tu caso, intenta con ejercicios de respiración o discúlpate y sal un momento para sentir que retomas el control.

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