Muchas personas quieren cambiar de empleo, pero esto es algo que no debe hacerse por impulso, debes estar en un estado emocional tranquilo y seguro, no en un lío mental que te lleve a “huir” de un lugar solo porque últimamente piensas ya no tienes futuro ahí.

Sabemos que desde hace varios años, en el mercado laboral los incrementos de sueldo son muy bajos. Esto no sólo sucede en México, sino a nivel Latinoamérica e incluso en muchos otros países del mundo. No creas que tu caso es único: esto ocurre en la mayoría de las empresas. La presión por mejorar los resultados y crecer el valor de las compañías, así como las condiciones económicas actuales, han obligado a reducir y/o contener costos, siendo la nómina uno de los más importantes.

Si bien sabemos que, después de un gran año de arduo trabajo, esfuerzo, estrés, desveladas y mucha presión, los colaboradores esperan un gran reconocimiento monetario y se llevan una gran desilusión cuando su incremento salarial no es el que esperaban. La indignación y el coraje se hacen presentes. El coraje ciega a la razón y surge un nuevo pensamiento: “debo encontrar otro lugar en el que realmente valoren mi esfuerzo”.

Esto sucede en la mayoría de los casos, muchas personas están pensando ya en la posibilidad de hacer un cambio. Los buscadores de empleo y las bolsas de trabajo muestran un incremento notable en su actividad, comienzan a llover las ofertas laborales, algunos individuos se mueven y al final muchos de ellos… ¡se arrepienten de haberlo hecho!

Pero ¿qué debes considerar antes de cambiarte para reducir al mínimo la posibilidad de error?

Aquí algunas reflexiones al respecto:

  • Nunca te cambies de empleo pensando sólo en el dinero. La parte económica es por supuesto muy importante, pero no es lo principal. Si únicamente tomas en cuenta esta parte, sería tan riesgoso como casarte con alguien por la manera en cómo luce.
  • Si estás huyendo de tu trabajo actual porque tu problema no es el económico sino otros detalles: La relación con tu jefe, el ambiente laboral, la aparente injusticia, la falta de reconocimiento, la falta de un plan de carrera, etcétera, piénsalo dos veces: huir de una situación quizá sólo genere que te la encuentres más adelante. A veces son pruebas de vida que tienes que superar en lugar de huir de ellas y cuando lo logres, no sólo te dejarán de afectar, sino que te harán más fuerte.
  • No busques otra oferta laboral cuando estés enojado o resentido con tu empresa. Es como ir al supermercado con hambre: todo se te va a antojar y a la larga no necesariamente será bueno para ti.
  • Evita cambiarte cuando una de tus razones principales es la de sentir que la firma te está quedando a deber porque tú das más de lo que recibes. En mi experiencia, esto termina cayendo por su propio peso y recibirás de una u otra forma lo que mereces por el valor que has realizado con tu trabajo, pero será directamente proporcional al valor creado.

Un cambio tendrá más probabilidades de ser exitoso cuando:

  • Lo haces porque “te quedó chico” tu puesto actual: Sabes que puedes hacer más, aportar más, crear más valor y no lo puedes hacer en el lugar donde estás.
  • Tienes la sensación de que ese trabajo no es para ti: Quizá ya descubriste tu pasión, tu talento, tu misión en la vida y no tiene nada que ver con lo qué haces hoy: no le niegues al mundo el valor que puedes generar por estar atrapado en algo totalmente diferente.
  • Eres muy consciente de lo que significa el cambio: perderás tu antigüedad, las prestaciones y los beneficios no serán los mismos en tu nuevo empleo. Analiza numéricamente uno a uno estos conceptos para ver en cuáles ganas y en cuáles no, para así obtener el balance favorable total.
  • Cámbiate de trabajo cuando tu dignidad, seguridad o respeto personal se pongan en riesgo: Nadie tiene porqué soportar situaciones que atenten contra la integridad personal. De igual manera, no debes soportar groserías, faltas de respeto, abusos, intimidaciones, amenazas, humillaciones, acosos, etc. La combinación de ocurrencia, reincidencia e impunidad en relación a esos temas, es una clara indicación de que ese empleo no es para ti.
  • Muy importante es considerar el salario emocional que perderás con respecto a lo que encontrarás en tu nuevo cargo: El salario emocional es todo aquello que te hace sentir bien: el ambiente laboral, la flexibilidad, la libertad, el hacer lo que te gusta, trabajo remoto, horario flexible, cercanía a tu casa, relación con tu jefe, oportunidades de crecimiento, etc. Sabes lo que tienes hoy pero no sabes con qué te vas a enfrentar en otro lado. Procura investigar con alguien que ya trabaje ahí y que confíes a su criterio: ¿cómo son las cosas en esa empresa y qué nivel de salario emocional tienen?

Sería desafortunado que llegues a un nuevo trabajo, con una promesa o ilusión que nunca se cumplirá y termines arrepintiéndote. Recuerda que las personas se contratan por la compensación monetaria, pero renuncian debido a la emocional. Se contratan por las prestaciones y se van cuando no se sienten bien. Se contratan por la compensación y se van por la situación. Cuida que esto no te pase a ti.

 

 

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