Hoy que estamos a miércoles me apetecía contarte cómo utilizo yo este día de la semana para mejorar mi trabajo. Como está estratégicamente situado a mitad de la semana, es mi día favorito para cambiar el rumbo de cómo van las cosas. Si la semana está yendo mal, puedo mejorarla. Y si está yendo bien, puedo ir uno o dos pasos más allá.

Después de muchos años trabajando a expensas de lo que me tocara cada semana, me di cuenta que en muchas ocasiones era yo el que podía marcar el rumbo de cada semana. Con un pelín de actitud (proactividad, sobre todo) y un par de nuevas rutinas, noté el cambio.

El miércoles suelo pararme a hacerme estas dos preguntas:

  • ¿Qué cosas importantes se han quedado por hacer (lunes y martes)?
  • ¿Qué problemas o frentes abiertos hay que requieren atención?

Habitualmente estas preguntas se plantean el viernes, cuando tal vez ya es demasiado tardeporque la semana ya toca a su fin. Así que yo me adelanto al miércoles para tener días de margen y poder reaccionar a tiempo.

Si la semana va mal…

Si por lo hecho el lunes-martes veo que la semana se ha torcido, procuro actuar de inmediato. Rápidamente anoto los siguientes pasos a dar en forma de tareas. «¿Qué es lo próximo que voy a hacer para solucionar ese tema pendiente?» Tal vez sea arreglar, hacer, cambiar, escribir, llamar, ir a ver a alguien… Porque, o vas tú por delante de los problemas o serán ellos los que te perseguirán hasta que no te dejen hacer otra cosa.

Si la semana va bien…

Pero claro, también hay muchos miércoles en los que veo que la semana va bien (¡como hoy!). ¿Qué hago en esos casos? ¿Sigo sencillamente con el plan semanal previsto? Sí, pero también intento otra cosa: aprovecho la inercia positiva (una especie de “racha productiva” que a veces experimentamos los humanos) para subir un punto la intensidad.

Terminar, terminar y terminar

Yo entiendo las “rachas” en productividad como una oportunidad para ir un paso más allá, de mejorar, de avanzar un poco más de lo previsto. ¿Cómo? Haciendo algo previsto para otro día, adelantando plazos, poniendo un extra de calidad en algún rincón no previsto y, por encima de cualquier cosa, concentrándome en TERMINAR.

Siempre lo hago, pero los miércoles me recuerdo que es mejor y más inteligente invertir esfuerzos en rematar que en abrir nuevos frentes. Porque el viernes, cuando evalúe mi semana, me fijaré sobre todo en lo que he completado, más que en lo que he empezado.

Y, dicho todo esto, también te digo que hay semanas y miércoles de mierda donde nada parece salir bien 😉 Pero, no me resigno e intento poner inteligencia de mi parte para no estar a merced de la suerte que reparte la semana.

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