Antes pensábamos que el futuro tardaría en llegar, pero la verdad es que el futuro nos ha alcanzado, y es que desde el estreno de ‘Black Mirror’, las noticias sobre los adelantos tecnológicos están a la orden del día, por lo que, es posible que mañana, cuando veamos una mosca remoloneando por el comedor, tal vez tengamos que preguntarnos si se trata en realidad de un insecto, o de un robot.

Un grupo de ingenieros de la Universidad de Cornell, en Nueva York, ha desarrollado una programación que imita la forma en que funciona el cerebro de un insecto, para elaborar pequeños robots que se comportan como tal. Usando diminutas sondas de metal con forma de pelo incrustadas en las alas, el robot es capaz de detectar ráfagas de viento y ajustar su vuelo en consecuencia, para planificar su camino y aterrizar, por ejemplo, sobre una flor que se balancea.

El primero de su generación, llamado RoboBee, mide solo 3 centímetros y pesa 80 miligramos y está equipado con varios sensores de visión, flujo óptico y movimiento.

Pero, por el momento, RoboBee permanece conectado a una fuente de energía. Los investigadores están trabajando, eso sí, para que pronto nuevas fuentes de energía le conviertan en un robot más autónomo y adaptable a entornos complejos. Todo ello, manteniendo su pequeño tamaño y peso.

La profesora de ingeniería mecánica y aeroespacial y directora del Laboratorio de Sistemas Inteligentes y Controles, Silvia Ferrari, lo ha explicado en un comunicado: «Estamos desarrollando sensores y algoritmos para permitir que RoboBee evite perder el control o, si se bloquea, sobreviva y siga volando», explica Ferrari.

Una simulación de RoboBee estabilizada en vuelo estacionario utilizando una red neuronal de inspiración biológica, que aprende a adaptarse a las irregularidades de fabricación en tiempo real. Crédito: Taylor Clawson.

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